Octavio
Rincón.
Cinco mundos que empezaron en un cuaderno. La obra, su origen y aquello en lo que se convirtió.
Xplazas

La creación nunca parte de una idea preconcebida; nace de dejar la mente en blanco. Xplazas es la materialización de ese primer impulso irracional: el lienzo donde el lápiz tomó el control antes de que interviniera la razón. Un espacio que se pregunta, en silencio, si lo que muestra es la realidad o su sombra.
Te adentras en una caverna inmensa donde la piedra se funde con el metal. Un pilar de luz dorada atraviesa el espacio. Estructuras orgánicas respiran. Las geometrías fragmentadas y las membranas que palpitan son las señales que aparecieron en el papel, ahora convertidas en volumen y presencia.
Xplazas es la sala de máquinas del subconsciente. El lugar donde las líneas dictaron las normas y el artista, simplemente, escuchó.
Umbral

Antes del mundo, hubo una línea. Umbral es el boceto primigenio: el trazo trazado sin destino consciente, la espiral que se abre sin saber adónde va. Una mano que se mueve mientras la mente permanece en silencio.
Este dibujo a bolígrafo sobre papel de cuaderno de viaje no es el principio de la obra, es el principio de todo. La puerta que no muestra lo que hay al otro lado, sino que lo inventa mientras se cruza.
Umbral no representa un lugar. Es el acto de atravesarlo.
Centinela

Hay lugares que no se visitan: se vigilan desde dentro. Centinela nació de una pregunta dibujada en papel, sin respuesta consciente, sobre la naturaleza de las estructuras que nos contienen.
El mundo te recibe desde su umbral. Una caverna vasta y viva donde las columnas de piedra respiran como organismos. La luz entra en diagonal, dorada, como si buscara algo específico. Las formas no son arquitectura humana: son el esqueleto de algo que creció aquí antes de que cualquier nombre existiera.
Centinela no guarda un tesoro ni un secreto. Guarda la pregunta.
Los reflejos dorados proceden de la luz del vórtice, no del oro. Ese umbral conecta con otro mundo: son mundos interconectados.
LTFR

El tiempo no es una línea recta; es una cuestión de perspectiva. LTFR no cuenta una historia con principio y fin, sino un estado de dualidad absoluta.
El viaje te deposita en un océano infinito de dunas bajo un cielo crepuscular. De la arena emergen los restos de arquitecturas dormidas, testigos de un ecosistema que atraviesa, en el mismo instante, su propia extinción y su renacimiento. En el centro, una figura femenina vestida de blanco reposa sobre ruinas geométricas. No es un habitante más: es la observadora que ha entrado en la obra para contemplarla desde su interior.
A través de su calma, el caos se aquieta. La realidad no es más que el punto de vista de quien se atreve a habitarla.
VRT.
VRT →Octavio Rincón · Artista, fundador de noisyART y creador de los mundos que habitan esta primera temporada.
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