Hay lugares que no se visitan: se vigilan desde dentro. Centinela nació de una pregunta dibujada en papel, sin respuesta consciente, sobre la naturaleza de las estructuras que nos contienen.
El mundo te recibe desde su umbral. Una caverna vasta y viva donde las columnas de piedra respiran como organismos. La luz entra en diagonal, dorada, como si buscara algo específico. Las formas no son arquitectura humana: son el esqueleto de algo que creció aquí antes de que cualquier nombre existiera.
Centinela no guarda un tesoro ni un secreto. Guarda la pregunta.



